México se encuentra en una encrucijada sanitaria que podría llevar a la pérdida de uno de sus logros más significativos en salud pública: la certificación de eliminación del sarampión. Este virus, que fue erradicado en el país en 1996, ha comenzado a resurgir, poniendo en riesgo la salud de millones de mexicanos. Jorge Baruch Díaz, experto en políticas de salud global y epidemiología, ha señalado que la transmisión sostenida del virus, la acumulación de población susceptible y la caída en las coberturas de vacunación son factores que han contribuido a esta alarmante situación.
**Historia de la Erradicación del Sarampión en México**
La historia de la lucha contra el sarampión en México es un ejemplo de éxito en salud pública. En 1996, el país logró erradicar la circulación autóctona del virus, un hito que fue seguido por una certificación anticipada en 2002. En 2016, México, junto con el resto del continente americano, fue declarado libre de sarampión por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este reconocimiento fue el resultado de intensas campañas de vacunación y estrategias sostenidas que lograron coberturas superiores al 95 por ciento, un umbral necesario para prevenir la circulación del virus.
Sin embargo, a partir de 2016, comenzaron a surgir señales de alerta. Las coberturas de vacunación empezaron a disminuir, y en 2018 se registraron los primeros brotes de casos importados, que eventualmente llevaron a brotes locales. La situación se agravó con la llegada de la pandemia de COVID-19, que interrumpió las campañas de vacunación y provocó una caída dramática en las tasas de inmunización. Según Baruch Díaz, para 2024, algunos estados habían visto descensos de hasta el 64 por ciento en las coberturas de vacunación, muy por debajo del 95 por ciento recomendado.
**Impacto Actual y Desafíos Futuros**
La caída en la cobertura de vacunación ha tenido consecuencias devastadoras. Hasta el 5 de febrero de 2026, México había acumulado 8,459 casos confirmados de sarampión, distribuidos en 32 entidades federativas. Chihuahua se ha convertido en el estado más afectado, con más de 4,500 casos confirmados y 21 muertes asociadas. La mortalidad también ha sido un tema preocupante, con un total de 27 defunciones registradas en el país, lo que subraya la gravedad de la situación.
El desafío para recuperar la inmunidad colectiva no radica solo en la mayoría de la población vacunada, sino en alcanzar el umbral crítico del 95 por ciento. Actualmente, más de 13 millones de personas en México carecen de protección completa contra el sarampión, incluyendo a niños que no iniciaron su esquema de vacunación durante la pandemia y adultos jóvenes que no completaron la segunda dosis. Este rezago en la vacunación, combinado con la desinformación y las barreras de acceso a los servicios de salud, ha creado un caldo de cultivo para la propagación del virus.
Además, la celebración de la Copa Mundial de Fútbol en 2026 representa un riesgo adicional. La movilidad masiva que se espera durante este evento podría acelerar la transmisión del sarampión, especialmente en un contexto donde aún hay una proporción significativa de la población susceptible. Baruch Díaz advierte que este evento podría provocar un repunte en los casos de sarampión, lo que complicaría aún más la situación sanitaria.
Perder la certificación de eliminación del sarampión no solo tendría implicaciones simbólicas, sino que también representaría un retroceso en los esfuerzos de salud pública. La certificación es un indicador de que un país ha logrado mantener la enfermedad bajo control, y su pérdida podría enviar un mensaje negativo sobre la capacidad de México para manejar brotes de enfermedades prevenibles por vacunación.
Las complicaciones del sarampión son otro aspecto crítico a considerar. Entre el 20 y el 30 por ciento de las personas infectadas pueden desarrollar secuelas neurológicas, auditivas o respiratorias. La encefalitis, una complicación grave del sarampión, puede causar daño cognitivo permanente, mientras que la neumonía asociada al virus puede ser mortal, especialmente en poblaciones vulnerables.
A pesar de que se han reactivado las campañas de vacunación y se ha reforzado la vigilancia epidemiológica, el verdadero reto radica en mantener coberturas altas de manera continua y mejorar la comunicación del riesgo en generaciones que no han convivido con la enfermedad. La situación actual ha dejado de ser un escenario hipotético; los datos y la transmisión sostenida colocan a México ante uno de los desafíos sanitarios más relevantes de los últimos años.
