La Facultad de Arquitectura (FA) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se encuentra en una encrucijada tras 100 días de paro. Este movimiento estudiantil, que comenzó el 13 de octubre de 2025, ha puesto de manifiesto la necesidad de abordar la salud mental dentro de la comunidad universitaria. Mientras un grupo de estudiantes exige el cumplimiento total de un pliego petitorio, las autoridades y otros alumnos intentan retomar las clases y normalizar la situación académica. En este contexto, se han implementado diversas estrategias para atender las demandas de los estudiantes y garantizar su formación académica.
La situación en Ciudad Universitaria es compleja. En el edificio principal de la FA, los salones permanecen cerrados, mientras que en el Centro de Investigaciones de Diseño Industrial (CIDI), los laboratorios han reabierto desde el 7 de enero. Emmanuel Toscano, coordinador de la carrera de Diseño Industrial, ha destacado que este regreso a las actividades fue posible gracias a las gestiones de los estudiantes y el diálogo con la dirección. Según Toscano, «los estudiantes necesitan estar en sus laboratorios» para poder avanzar en sus proyectos y formación.
Los laboratorios del CIDI están repletos de jóvenes que trabajan en proyectos de mecatrónica, salud y bienestar, entre otros. Brandon Morales, un estudiante de séptimo semestre, expresó su satisfacción por el regreso a las actividades, aunque también reconoció la importancia del paro como una herramienta para visibilizar la problemática de salud mental en la facultad. «El paro sí fue algo necesario porque así las autoridades vieron la problemática de salud mental», comentó Morales, subrayando que los paros pueden ser una vía efectiva para lograr cambios.
La problemática de salud mental en la FA se intensificó tras el suicidio de un alumno en septiembre de 2025, lo que llevó a la asamblea estudiantil a exigir respuestas y acciones concretas por parte de las autoridades. En respuesta, se han llevado a cabo mesas de trabajo sobre salud mental, donde se han presentado planes y estrategias para abordar esta problemática. Toscano mencionó que se busca reforzar la atención psicológica en colaboración con la facultad de psicología, lo que refleja un compromiso por parte de la universidad para atender las necesidades emocionales de los estudiantes.
La directora de la FA, Mónica Cejudo Collera, ha asegurado que el semestre 2026-1 no se ha perdido, y que se están realizando evaluaciones con una participación aproximada del 70% del alumnado. Sin embargo, la falta de entrega total de las instalaciones ha dificultado la identificación de posibles daños y el cumplimiento de las demandas estudiantiles. Cejudo Collera enfatizó que el diálogo es fundamental para avanzar hacia una solución que permita retomar las actividades académicas y administrativas en su totalidad.
Durante una reciente mesa de trabajo sobre salud mental, se discutieron los recursos y herramientas que ofrece la UNAM para la atención de este tema. Se presentaron estrategias como la metodología de tamizaje para la detección de casos de riesgo y la ampliación de la atención psicológica individual y grupal. Estas iniciativas buscan no solo atender las necesidades inmediatas de los estudiantes, sino también fomentar un ambiente de apoyo y bienestar emocional.
A pesar de estos esfuerzos, la asamblea estudiantil ha manifestado su inconformidad con la dirección de la facultad, cuestionando la legitimidad de las encuestas realizadas para evaluar el levantamiento del paro. Los estudiantes han expresado su preocupación por el incumplimiento del pliego petitorio, que se centra en la atención a la salud mental. En un comunicado, la asamblea rechazó las acciones de la dirección, acusándola de autoritarismo y falta de transparencia en el proceso resolutivo del conflicto actual.
La situación sigue siendo incierta, ya que el semestre 2026-2 está programado para comenzar el 3 de febrero, pero la comunidad universitaria se encuentra dividida. Mientras algunos estudiantes están ansiosos por regresar a las aulas y retomar sus estudios, otros continúan luchando por sus derechos y por una atención adecuada a la salud mental. La FA se enfrenta a un desafío significativo: encontrar un equilibrio entre la necesidad de retomar las actividades académicas y la urgencia de atender las demandas de los estudiantes en un contexto de crisis emocional.
En este marco, la FA ha reiterado su disposición al diálogo y ha establecido mesas de seguimiento para evaluar los avances en la atención a la salud mental. La comunidad universitaria está en un proceso de transformación, donde la salud mental se ha convertido en un tema central que requiere atención y acción inmediata. La capacidad de la FA para abordar estos desafíos y encontrar soluciones efectivas será crucial para el bienestar de sus estudiantes y el futuro de la institución.
