El pasado 15 de noviembre de 2025, la Ciudad de México fue escenario de una manifestación que atrajo la atención de medios y ciudadanos por igual. La marcha, autodenominada como la de la Generación Z, reunió a cientos de jóvenes que expresaron su descontento hacia el gobierno actual, liderado por la presidenta Claudia Sheinbaum. Sin embargo, la participación y el significado de esta movilización han sido objeto de debate, con voces que critican la apropiación de la protesta por parte de grupos ajenos a la juventud.
**Diversidad de Voces en la Protesta**
Entre los asistentes a la marcha, se encontraban jóvenes de diversas trayectorias y motivaciones. Eduardo Corona, un estudiante de 20 años del Tecnológico de Monterrey, compartió su experiencia y reflexiones sobre la marcha. A pesar de que su motivación no coincidía del todo con la de la mayoría, decidió participar. Durante el recorrido, que iba del Ángel de la Independencia al Zócalo, notó que la presencia de jóvenes de la Generación Z era menor de lo esperado. Sin embargo, en los momentos de confrontación con la policía, la mayoría de los participantes activos sí correspondían a su generación.
Eduardo destacó que, aunque la marcha comenzó con un objetivo claro, este se vio distorsionado por la intervención de grupos que no representaban a la juventud. Afirmó que la presencia de “prianistas y whitexicans” en la protesta desvirtuó el mensaje original, que incluía demandas de justicia y seguridad. La utilización de símbolos como la “Jolly Roger”, bandera asociada con el anime One Piece, también fue criticada por su falta de conexión con las verdaderas preocupaciones de la juventud.
Por otro lado, Óscar Venancio, un estudiante de Ciencias Políticas de 25 años, defendió la autenticidad de la marcha, argumentando que no fue subsidiada por partidos políticos, sino que fue impulsada por grupos empresariales. Venancio enfatizó que la movilización fue una respuesta a la creciente inconformidad con el gobierno de la Cuarta Transformación, especialmente en temas de impunidad y narcotráfico. Su experiencia en la marcha fue motivada por la crisis en el sector salud y la creciente presencia del crimen organizado en su comunidad.
**La Cuarta Transformación en el Punto de Mira**
Sebastián Pedroza, un estudiante de Administración de Empresas en el ITAM, también se unió a la marcha con un fuerte sentido de descontento hacia el gobierno actual. Pedroza expresó su frustración por las promesas incumplidas en áreas críticas como la salud y el transporte. Para él, la marcha fue una manifestación de un descontento que trasciende generaciones, señalando que no solo los jóvenes están insatisfechos, sino que el malestar es generalizado entre diferentes grupos de edad.
El joven también criticó la tendencia del gobierno a descalificar a quienes no comparten su ideología, lo que, según él, genera más violencia y división. A pesar de que su experiencia en la marcha comenzó de manera positiva, pronto se tornó violenta con la llegada de un bloque negro que, según él, podría haber sido infiltrado por el propio gobierno para desestabilizar la protesta.
La marcha de la Generación Z no solo fue un evento de protesta, sino también un reflejo de la complejidad de la situación política y social en México. Las voces de los jóvenes que participaron en la marcha revelan un panorama diverso, donde las motivaciones y experiencias individuales se entrelazan con un descontento colectivo hacia el gobierno y sus políticas.
En este contexto, es importante considerar cómo las manifestaciones de la Generación Z pueden influir en el futuro político del país. A medida que se acercan las elecciones de 2024, la participación activa de los jóvenes en la política y su capacidad para articular sus demandas serán cruciales para dar forma a un nuevo panorama político en México. La marcha del 15 de noviembre no solo fue un grito de protesta, sino también un llamado a la acción para una generación que busca ser escuchada y reconocida en el ámbito político.
