En el contexto actual de la política migratoria en México, el Instituto Nacional de Migración (INM) ha sido objeto de un intenso escrutinio. Desde la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia, se ha prometido una transformación significativa en la manera en que se maneja la migración en el país. Sin embargo, a más de un año de su gobierno, la realidad muestra que muchos de los mandos al frente del INM provienen de un trasfondo militar y político, lo que plantea interrogantes sobre la efectividad y la humanidad de las políticas migratorias implementadas.
La situación es particularmente notable en las 32 delegaciones del INM, donde aún se mantienen varios de los titulares designados por el excomisionado Francisco Garduño. A pesar de que el nuevo titular, Sergio Salomón Céspedes, asumió el cargo en mayo de 2025, solo ha realizado un nombramiento significativo: el del delegado en Yucatán, Luis Felipe Esperón. Esto sugiere una continuidad en la estructura de poder dentro del INM, a pesar de las promesas de cambio.
### La Presencia Militar en el INM
Desde el inicio del mandato de López Obrador, se ha observado un aumento en la presencia de mandos militares al frente de las delegaciones del INM. En los primeros años de su gobierno, se llegó a contar con hasta 19 delegados con formación en la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y la Marina. Sin embargo, este número ha disminuido a ocho en la actualidad. A pesar de esta reducción, la influencia militar sigue siendo notable, lo que plantea preocupaciones sobre la capacidad de estos funcionarios para manejar situaciones complejas relacionadas con la migración.
Los delegados actuales con formación militar incluyen figuras como el general brigadier Pedro Alberto Alcalá López, quien ha tenido una larga trayectoria en el Ejército y ha sido delegado en varias ocasiones. Su experiencia, aunque extensa, no necesariamente se traduce en una comprensión adecuada de los derechos humanos y las complejidades de la migración. Por ejemplo, Alcalá fue delegado en Chihuahua antes del trágico incendio en la estación migratoria que resultó en la muerte de 40 migrantes, un evento que ha marcado un antes y un después en la percepción pública del INM.
Otro caso es el capitán de navío Gil Manuel Larios Gutiérrez, quien ha sido acusado de retener migrantes cubanos sin justificación. Este tipo de incidentes resalta la falta de capacitación en derechos humanos entre muchos de los delegados, lo que puede tener consecuencias graves para los migrantes que buscan refugio y protección en México.
### La Falta de Experiencia en Políticas Migratorias
Además de la presencia militar, se ha observado un aumento en el número de delegados con antecedentes políticos y policiales, muchos de los cuales carecen de experiencia en temas migratorios. Esta tendencia es preocupante, ya que la migración es un fenómeno complejo que requiere un enfoque informado y sensible. La mayoría de los delegados actuales provienen de partidos políticos, especialmente de Morena, y muchos tienen antecedentes en la seguridad pública, pero pocos cuentan con la formación necesaria en derechos humanos o políticas migratorias.
Por ejemplo, el delegado en Aguascalientes, Ignacio Fraire Zúñiga, es un exsecretario de Agricultura que ha militado en varios partidos, pero no tiene experiencia en migración. Su enfoque en logros personales, como su participación en maratones internacionales, pone de relieve una desconexión con las realidades que enfrentan los migrantes en el país. Esta falta de experiencia y comprensión puede llevar a decisiones que no solo son ineficaces, sino que también pueden poner en riesgo la vida y la dignidad de las personas migrantes.
En Chiapas, la delegación está a cargo de Farah Gertrudis Cerdio Moisés, cuyo grado académico no está disponible en el sitio web del INM, lo que genera dudas sobre su idoneidad para el cargo. En Chihuahua, Zaira Carrasco Flores, hija de un expresidente municipal, también carece de un historial académico claro, lo que plantea preguntas sobre la meritocracia en la selección de delegados.
La situación se complica aún más con la falta de un enfoque claro en los derechos humanos. Aunque algunos delegados tienen formación en criminología o derecho, esto no garantiza que tengan la sensibilidad necesaria para abordar las necesidades de los migrantes. La migración no es solo un asunto de seguridad; es un tema de derechos humanos que requiere un enfoque humanitario y comprensivo.
La promesa de una política migratoria humanista hecha por López Obrador se ha visto socavada por la realidad de un INM que sigue siendo influenciado por estructuras militares y políticas que priorizan la seguridad sobre la protección de los derechos de los migrantes. La tragedia en Ciudad Juárez es un recordatorio doloroso de las consecuencias de esta falta de enfoque.
A medida que el INM continúa operando bajo la dirección de estos mandos, es crucial que se realicen cambios significativos en la estructura y la capacitación de sus funcionarios. La migración es un fenómeno global que requiere un enfoque integral y humano, y es imperativo que los líderes del INM estén equipados con las herramientas y el conocimiento necesarios para abordar esta complejidad. La falta de experiencia y la predominancia de perfiles militares y políticos en el INM no solo amenazan la efectividad de las políticas migratorias, sino que también ponen en riesgo la vida y la dignidad de miles de migrantes que buscan una mejor vida en México.
